Crianzas con agobio

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Venimos de una Educación donde el cabeza de familia tenía la última palabra, donde la frase de “una bofetada a tiempo” no sorprendía a nadie, donde las madres amenazaban con una zapatilla por el pasillo de casa, sólo había dos canales en la tele y los dibujos sólo eran una horitas a partir de las 18h. Íbamos solos andando al colegio y jugábamos en la calle hasta que nos gritaban por la ventana que era la hora cenar. Los Reyes Magos no tenían competencia con Papá Noel…

En contrapunto, hemos sido padres y madres en una era electrónica, donde hay canales con dibujos las 24h, donde jugar en la calle solos no es una opción segura y mucho menos ir solos al colegio, pero curiosamente el mayor peligro está detrás de una pantalla. Los Reyes Magos se pelean con Papá Noel porque como viene antes les roba la emoción de su llegada, ¡qué más da!, ya han jugado durante días y ellos son el remate final, la guinda, de una montaña de juguetes que juegan solos y aburren en dos minutos.

El cabeza de familia tiene más de una cabeza:  el padre, la madre, la abuela, la vecina, incluso el profesor y quizás el “youtuber” de moda… así que no hay una última palabra, hay miles de palabras, consejos, lecciones y contradicciones. La frase de “una bofetada a tiempo” se ha convertido en maldita, pero aún la seguimos oyendo y se nos pasa por la cabeza… es lo que tiene ser un eslabón, los fantasmas del pasado a menudo nos atacan y cuando las nuevas metodologías educativas y de crianza no funcionan en casa, sobrevuelan nuestras mentes pensando si “cualquier tiempo pasado fue mejor”…

Vivimos agobiados, en presión continua, en todos los ámbitos, la sociedad avanza a la carrera y cuesta mucho subirse al caballo y muchas veces no paramos de caernos. Estamos borrachos de información desde el mismo día que creamos una vida y entonces nos damos de bruces con la realidad y observar que todo es mucho más fácil y más bonito en nuestra imaginación, en nuestros deseos, en nuestras convicciones… pero el día a día, con sus pros y sus contras, desestabiliza todo ese perfecto ideal en el que creemos religiosamente, estamos convencidos de que eso que hemos leído es lo mejor para nuestros hijos, queremos ser ese tipo de padres o madres sobre los que leemos en los libros de crianza y educación, queremos mejorar cada día, pero no siempre se puede, no siempre encaja con la forma de ser nuestros hijos, no funciona, y pruebas a la desesperada con aquello que hacían tus padres y el batiburrillo aún resulta peor.

Porque no, eso ya no encaja en su mundo, porque no, tú no eres ni tu padre ni tu madre. Y nos agobiamos, nos auto culpamos, nos decepcionamos de nosotros mismos… somos nuestros peores enemigos.

Cuando me siento así, respiro, admito mi error, y pido perdón si es necesario y vuelvo a intentarlo… al fin y al cabo, yo también estoy aprendiendo.  Mamá, papá, respira, sonríe… lo estás haciendo bien.

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