Yak-42, no hay consuelo para tanta infamia

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Todo lo que rodeó el «accidente» (por llamarlo así) del Yak-42 en Turquía, en que que murieron 62 soldados españoles y 13 tripulantes ucranios y bielorrusos, fue una auténtica cadena de irresponsabilidades criminales, con su posterior e incomprensible humillación a los familiares de los fallecidos.

El Consejo de Estado acaba de dictaminar la responsabilidad del Ministerio de Defensa, que en el año 2003, fecha del accidente, dirigía Federico Trillo.

La verdad es que cuesta llamarlo «accidente», ya que volaban en un aparato absolutamente inadecuado, con el único objeto de ahorrarse cuatro euros y lo que es peor, jugando con la seguridad y las vidas de nuestras tropas en el exterior. Criminales.

Y luego el bochorno y la infamia de las falsas autopsias. Para tapar el asunto cuanto antes por espurios intereses políticos, no se identificaron los cadáveres, asignado cada cuerpo a un soldado como si de una lotería se tratase. Luego hubo que exhumar los cadáveres para su adecuada identificación, y muchas familias se quedaron sin el cuerpo de su hijo porque lo había incinerado otra familia por error.

¿Era necesario, después de la tragedia, humillar de esta manera a las familias? ¿Les importaban lo más mínimo? El desprecio con el que los políticos del PP y ciertos mandos militares trataron a los familiares de los soldados fallecidos produce auténtico sonrojo. Todos debieron perder sus empleos, todos.

El primero Federico Trillo, que debió desaparecer de la vida política en aquel momento. Produce auténtica vergüenza tener que cesarlo ahora como embajador de España en el Reino Unido, regalía generosa de sus amigos del PP. Bochornoso.

Sobrecogedora la entrevista que le hicieron a Paco Cardona en La Sexta, vecino de mi pueblo, Alboraya, al que tengo el placer de conocer. Alguna vez hemos hablado personalmente de este asunto. Desgarrador y revelador testimonio de un padre que ni siquiera pudo enterrar a su hijo porque jamás le dieron su cuerpo. Llegó a enterrar a un desconocido, para descubrir posteriormente que no era su hijo. Jamás se supo más.

Desde luego no hay consuelo posible para tanta infamia. No le deseo el mal a nadie, pero que no haya paz para los malvados.

@Vicent_Raga

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