Sopa de letras

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Su Majestad el Rey recibe el saludo del representante del Partido Socialista Obrero Español, Don Pedro Sánchez Pérez-Castejón

Lealtad y fidelidad tienen significados recíprocos, sus definiciones en el diccionario de la RAE se refieren la una a la otra. Ambas son sinónimas de legalidad con un plus de “fuerza” cuando se refieren al comportamiento hacia la primera institución del estado como es la Corona: cuando cualquiera de ellas se refieren a la figura del Rey y a la forma en que otras personas o instituciones se relacionan con la Monarquía en nuestro país.

El principio de legalidad es un dogma propio del estado liberal democrático conforme al cual, esencialmente, todos los poderes públicos están sujetos a la ley, entendiendo por tal también nuestra ley fundamental, la Constitución, y jamás sujetos a la voluntad personal de nadie. Su art. 99 contempla la única función de nuestro Rey que no es meramente representativa, cual es la de proponer un presidente del gobierno, previa consulta con los representantes políticos de todo el arco parlamentario.

Si el Sr. Sánchez comienza a negociar públicamente con otros grupos, y especialmente con grupos que pretenden la desintegración del estado, cuya unidad encarna la Monarquía, antes de que se produzca tal proposición, vacía de contenido las funciones constitucionales del Rey, y actúa no solo ninguneándolo,  sino también contraviniendo el principio de legalidad al cual está sujeto.

La capacidad del presidente del gobierno en funciones para dar patadas a este principio fundamental del derecho lo lleva incluso a inventarse “trámites” de investidura,  como es convocar a una ronda de consultas a todos los presidentes de las Comunidades Autónomas cuando ni éstos, ni éstas pintan nada en la elección de un presidente de gobierno; ahora bien, esto le permite “barnizar de legalidad”  un encuentro con el Sr. Torra por cuanto las siglas de su partido son una de las muchas que integran la sopa de letras que necesita para formar gobierno y su aquiescencia punto relevante para conseguir el apoyo de Esquerra Republicana. Es evidente que los conceptos de lealtad o respeto importan poco al Sr. Sánchez, y por extensión al PSOE, pues refrenda su actuación.

Toda la lealtad y fidelidad que no tienen ni él, ni su partido le sobra a sus votantes pues, pese a que solo el 17% de ellos pretende unas “autonomías” con más autogobierno, sus dirigentes siguen arrastrando a España a su desmembración y ellos siguen votando las siglas a las que aquellos representan.

Llevamos meses asistiendo a una alocada carrera hacia la nada guiada solo por el desmedido afán del Sr. Sánchez por ostentar y conservar el poder, así como por el más que probable miedo que debe tener a que surja definitivamente una figura alternativa a la suya en el seno de su partido -miedo que se extiende evidentemente a toda su cohorte-figura que es reiteradamente pedida como solución desde algunos grupos políticos de la oposición.

Tampoco son escasas las críticas a la sopa de letras con las que quiere formar gobierno por parte de grandes figuras históricas del PSOE o de UGT, incluso actuales como los presidentes de Castilla la Mancha o Aragón. Y es que pasará a la historia con el triste honor de ostentar récord de investiduras fallidas; ya veremos que ocurre en la que está por venir… Hay quien dice que hará gala de la cualidad de desdecirse, que tan bien se le da, y no acordará finalmente nada con Podemos amparándose en la “calidad” de los negociadores que le representan: la Sra. Lastra y el Sr. Ábalos… ¿Se imaginan ustedes tener que gobernar con la necesidad de conseguir el apoyo de ERC para cualquier cosa que no sea un Real-Decreto? ¿Verdad que tras esta pregunta la insinuación no es tan descabellada? Formar gobierno en coalición o con el apoyo de grupos que pretenden liquidar el estado al que ese gobierno sirve es un disparate, es tanto como darse un tiro, no ya en el pie, sino en la sien.

España es un país democrático gracias fundamentalmente a la “centralidad” adoptada por todos los grupos políticos que ayudaron a alumbrar nuestra Constitución del 78 y a la difícil “lealtad” que esa tarea tejió entre ellos. Hemos alcanzado grandes cotas de miseria política al mismo ritmo que hemos ido minando la lealtad institucional y el debido respeto al pueblo español, aquel en quien reside la soberanía nacional de la que emanan todos los poderes del estado, conforme al Artículo 1º de nuestra carta magna. Si Sr. Sánchez, de usted no emana ningún poder, sino de la institución a la que representa, de usted solo emana un creciente olor a detritus.