Sidi Saler, del amor al odio

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En febrero de este año la Demarcación de Costas del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente considera que los propietarios del Hotel Sidi Saler, cerrado y sin uso desde hace 6 años, cumple los requisitos para reabrir y explotar el edificio por un periodo de 30 años, prorrogables por otros 30 siempre y cuando se respeten los usos y aprovechamientos de la parcela y del hotel existentes en el momento de la aprobación del deslinde.

Esta propuesta de Costas queda a expensas de la decisión definitiva del Ministerio. También se está a la espera de «informes no vinculantes» de la Generalitat Valenciana y del Ayuntamiento. La Conselleria de Vivienda, Obras Públicas y Vertebración del Territorio no ha dicho «ni mú» hasta ahora, no sé si será porque está hasta arriba de trabajo o porque les incomoda el tema políticamente.

Quien si ha entrado al trapo con mucha casta y trapío – vamos «com un bou»- ha sido el concejal delegado de Devesa-Albufera Sergi Campillo (Compromís) con Vicent Sarriá (concejal socialista de Urbanismo) como peón de brega en la cuadrilla. Campillo quiere que NO se lleve a cabo la concesión y SÍ el derribo del hotel -igual tiene acciones en «Demoliciones Iglesias»- que está en perfecto estado de conservación, sin entrar a valorar las posibles repercusiones económicas y de empleo que un buen plan, consensuado en su aplicación, podría tener.

Pero como el tripartito o Govern de la Nau está hecho trizas y dividido, pasando olímpicamente, unos y otros, del Comandante en Jefe Ribó, resulta que los concejales socialistas Ramón Vilar y Sandra Gómez en su momento se decantaron por mantener el hotel, como pasó con la urbanización de la Casbah. Vamos que entre ellos están a la greña, sin ideas y sin gestión; sólo piensan como el perro del hortelano que ni come ni deja comer, aportando muy poco estudio y trabajo sobre el tema -son muy perezosos- y ninguna solución -como de costumbre- ni siquiera imaginativa, ¡qué se le va a hacer!.

Como contrapunto a todo esto tenemos a la Asociación de Vecinos de La Devesa que propone un uso del hotel para «equipamientos sociales» y pare usted de contar, y a los de Acció Ecologista-Agró que piensan que la actividad del hotel, tal cual, sería incompatible e insostenible con los valores naturales de la Albufera. En una palabra, dando soluciones y aportando materia gris al asunto.

Y digo yo, enamorado confeso de la Albufera, ¿no es posible compatibilizar muchas actividades y usos que fragüen un gran consenso social en torno al Sidi?

Por ejemplo: generar turismo, pero no como el modelo que tenemos ahora, sino de CALIDAD, como el de Congresos, el científico (botánico, ornitológico, etc.), deportivo, didáctico, gastronómico, lúdico etcétera.

¿No tenemos a nadie en la sociedad civil Valenciana, en las universidades, en la empresa… capaces de «parir» alguna idea con sentido común y darle a esto una solución consensuada y aceptada por TODOS?

Estoy convencido de que SÍ existen soluciones que generarían riqueza y prosperidad siendo a la vez compatibles y respetuosas con el medio ambiente. Sin ir más lejos yo, desde la humildad más absoluta, tengo algunas, posiblemente fantasiosas fruto de mi «enamoramiento» con el Parque Natural de la Albufera pero, ¡ ahí está la clave !, en el AMOR.

El amor genera respeto y cariño -entre otras muchas cosas- y te abre la mente para encontrar ese punto de equilibrio entre lo políticamente correcto y lo que no lo es. Con el Sidi Saler, aparte de legalismos e intereses políticos y económicos, hay que poner mucho amor.

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