Salvador Illa, la mentira política como cuidado paliativo

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Una afirmación que una persona hace consciente de que no es verdad es una mentira, por definición. Cuando el ministro de Sanidad, Salvador Illa, afirma en rueda de prensa que, “si todo va bien, a final de año” tendremos la vacuna en España, está realizando una afirmación que sabe que no es cierta. O, más bien, realiza una afirmación sin matices que sabe que dará a entender algo que no es cierto. Luego, miente.

Y no es una conclusión partidista, sino una reflexión basada en los datos que aportan expertos como la viróloga del Consejo Superior de Investigación Científica (CISC), Margarita del Val, y no políticos que retuercen las palabras y sus significados. O directamente lanzan mensajes sin ninguna sustentación en datos o verdades contrastables, simplemente con el objetivo de granjearse una corriente favorable o darse aire en una situación sofocante. Vamos, desviar la atención y, si es posible, la responsabilidad. Como aquello del comité de expertos, que no era tal, ni eran doce, ni veinte, ni estaba formado por expertos cuya intimidad había que salvaguardar. Y que tanto oxígeno le dio al Ejecutivo.

Margarita del Val

La mentira ha existido siempre en política, no nos engañemos. Lo que ocurre es que ahora se ha convertido en una herramienta con excesivo uso. Casi diario. Y sobre temas que afectan directamente a la salud de los ciudadanos. Y eso empieza a ser, si no lo era ya, un acto de desprecio y un delito moral y, probablemente, también penal.

Si como dice la viróloga Margarita del Val, la vacuna de Oxford, la que presuntamente llegará a España, es una vacuna «como todas, que aún no se ha probado si funciona«. un responsable sanitario no puede anunciar la llegada de ésta, sin explicar sus deficiencias actuales, salvo para dilatar y disfrazar la sensación de control de una situación que nos ha vuelto a superar.

A fecha de hoy, la vacuna no se ha probado en humanos. Y, donde sí se ha probado y funciona es en animalespero ni siquiera aquí «ha mostrado que proteja del contagio». Ergo, incluso aunque la Sanidad española aceptara vacunar a los grupos de riesgo, que no a toda la población, seguiremos con mascarilla, distancia social y riesgo de contagio durante muchos meses más.

De hecho, y atiendan al condicional. si la vacuna fuese igual de buena en los ensayos clínicos en personas, como lo ha sido en los animales, «se podría usar en aquellas personas infectadas y que sean casos graves». Nada se dice del resto de la población. Hay muchas formas de mentir. Una de ellas, la omisión consciente de información.

No ha sido el Gobierno Español, ni los autonómicos, los que nos han protegido del virus, sino el permanecer más tiempo al aire libre –por el clima benigno de estas latitudes- y la responsabilidad de muchos ciudadanos –ojalá, hubiera sido de todos- en el acatamiento de las medidas de distanciamiento, higiene y llevar mascarilla.

Quizá, por eso, la misma viróloga que predijo que a finales de julio volveríamos a tener cifras preocupantes de infectados, vuelva a predecir, con poco margen para el error, que el otoño –a partir de octubre-, “va a ser más peligroso porque no vamos a poder contar con el aire libre.” Y sí, habrán pasado los 15 días de incubación tras la vuelta al colegio y el trabajo. Así que imagínense el panorama. Y mientras el Gobierno nos pone a perseguir fantasmas; la tan traída vacuna salvadora que, por el momento, no es tal. Y créanme que deseo equivocarme.

Sin embargo, hay indicios de esperanza, si las mentiras emitidas por nuestros políticos no siguen reconfortando a aquellos que todavía las escuchan. Sabemos que Corea, China y Japón han controlado en su invierno la infección respetando las medidas de alejamiento, higiene y mascarilla. Y no tenían vacuna.

Nosotros podemos hacerlo también. Lo único que necesitamos es que nuestros políticos dejen de mentirnos y no les tiemble el pulso al contarnos la verdad. Y, por supuesto, que hagan efectiva su responsabilidad de tomar medidas impopulares. Del mismo modo que nosotros tenemos la responsabilidad de entenderlas. Y sí, entonces sí, saldremos más fuertes, no sólo como país, sino como sociedad.

A lo mejor Illa debería explicar que España ha adoptado una posición conjunta con la UE en la negociación por la compra de vacunas, no ya porque “esto permitirá una mayor capacidad de negociación y un acceso equitativo a las dosis”, sino porque no tenemos crédito –en toda la acepción de la palabra- para poder acceder como país a este santo grial. Necesitamos gobernantes valientes y no cuidados paliativos. Ojalá los versos de Rosendo no se conviertan en una letanía… “Y todo lo que consigo, es que nadie entienda que, a la sombra de una mentira, moriré.”