Que nuestros gobernantes asuman sus responsabilidades

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No deberíamos caer en la tentación de culpar de todo lo ocurrido con las inundaciones de estos pasados días a la indomable Naturaleza. No soy ingeniero de caminos, ni agrónomo, ni muchísimas otras formaciones que me podrían capacitar para opinar. Soy, más bien, de la afamada escuela de “Un Español con Un Cubata en la Mano”, que no es ninguna formación pero muchas veces se basa en la lógica y el sentido común.

Los episodios de inundaciones en España, en el Sudeste español más, son cíclicos, con mayor o menor frecuencia y con mayor o menor intensidad, y por lo tanto son conocidos y de alguna u otra manera previsibles. Lógicamente hay situaciones inesperadas y de una virulencia tal que hacen que se nos vayan de las manos y que nos recuerden algo muy sencillo, lo pequeñitos que somos ante quien realmente manda es este mundo, La Naturaleza.

Pero esto no nos puede servir de excusa para aceptar con resignación lo que nos venga, muchos de los destrozos y catástrofes que nos ocurren son culpa nuestra y en muchísimos casos evitables. El agua podríamos decir que es el Notario con el Protocolo más antiguo y mejor ordenado que existe. Conoce todas las “escrituras” de sus propiedades y cuando considera oportuno, las reclama. El hombre, en su condición de ser “inteligente”, piensa que todo lo puede controlar, que es el “propietario” de todo lo que existe y que puede hacer lo que le venga en gana, que nunca va a pasar nada y si pasa será porque tenía que pasar. Será una catástrofe “natural”.

Durante años, y a medida que hemos ido estando “más adelantados” más todavía, hemos construido donde nos ha dado la gana, no hemos respetado cauces, barrancos, escorrentías. Hemos plantado en zonas donde, por su inundabilidad, lógicamente eran más fértiles, pero también más vulnerables. Hemos urbanizado millones de metros cuadrados, sin pensar que el agua por el asfalto no filtra sino que corre y arrastra. Hemos construido carreteras y vías que se han convertido en auténticos diques de contención, convirtiendo en inundable todo lo que queda a uno de sus lados, o convirtiéndose en verdaderos canales que recogen agua durante kilómetros y que después desaguan donde más daño hace.

Mantenemos una deficiente limpieza de los montes, favoreciendo esto los incendios forestales, convirtiendo sus laderas en verdaderas escorrentías de ramas y cenizas, sin nada que amortigüe su velocidad y retenga gran parte del agua que cae sobre ellas. No se limpian los barrancos y si se hace es para poner en ellos instalaciones que lo único que hacen es entorpecer su cauce y no permitir la función que la “sabia naturaleza” les atribuye, recoger, encauzar y llevar el agua a su destino que son los ríos y estos al mar.

Podríamos decir mil barbaridades más que cometemos los humanos y que demuestran eso de que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.

¿Quién debería evitar que todo esto ocurriera? “Ahí les has dao!!!”, la política, los políticos.

Desde muchos ayuntamientos, se han permitido verdaderas barbaridades. Se han construido infraestructuras en zonas donde se sabe que se pueden inundar y en muchas ocasiones incluso en contra de informes de los técnicos. Se critica la limpieza y drenaje de cauces o la construcción de embalses reguladores. Retrasamos la construcción de infraestructuras necesarias para aliviar estas tormentas, aprovechando el dinero de muchas subvenciones de otras instancias para construir otras infraestructuras menos urgentes y necesarias pero más vistosas. No mantenemos los caminos rurales como medios de favorecer la agricultura y modos de acceso a montes y barrancos en casos de emergencia. Seguimos pensando en el desarrollo de grandes Planes urbanístico, primando su rentabilidad y olvidando su viabilidad y sostenibilidad.

¿Dónde está el error?, en pensar que el voto es lo importante, lo urgente, lo prioritario y que un parque, un auditorio, un pabellón deportivo siempre serán mucho más rentables electoralmente que 10 km de colector enterrado y que nadie ve. Y muchas veces los electores caen en esa trampa.

Por supuesto que las catástrofes naturales existen, que son imprevisibles y que nos dejan claro “quien manda aquí”, La Naturaleza, pero sí qué está en nuestras manos, y sobre todo en manos de La Política, procurar no “cabrearla” en exceso tocándole lo que es suyo y mejorando las infraestructuras que ella misma se crea.

Mi lado pesimista, o tal vez realista, me dice que pasados unos meses y con la vuelta a la normalidad, todas estas reflexiones se olvidarán hasta la próxima.

Nos queda la satisfacción de ver que en situaciones como esta reaccionamos con solidaridad y que tenemos entre nosotros a gente capaz de darlo todo, incluso arriesgando sus vidas, por ayudar a los demás y a los que debemos estar permanentemente agradecidos. Gracias Voluntarios, Guardia Civil, Ejercito, Cruz Roja, Protección Civil, Policías Locales y muchísimos héroes anónimos, Gracias!!!