“Qué buen vasallo sería, si tuviese buen señor”

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Todos, o casi todos, recordamos ese verso del Primer Cantar o Cantar del Destierro, del Cantar de Mío Cid.

Rodrigo Díaz de Vivar cometió la “osadía” de hacer jurar al Rey Alfonso VI, antes de servirle como nuevo Rey de Castilla, que no había tenido nada que ver en el asesinato de su hermano Sancho II de Castilla durante el Cerco de Zamora, (uno de los más duros de nuestra historia, pues Zamora consiguió resistir al asedio siete meses).

La ira regia cayó con toda su fuerza sobre Rodrigo, que fue desterrado por mostrar lealtad a su Rey, aun después de muerto, y por no querer servir ni coronar al nuevo antes de probar su honradez, y ese cantar refleja el inmenso dolor con el que el Cid abandona sus tierras y cómo se siente profundamente decepcionado cuando exclama “Contra mí tramaron esto mis enemigos malvados”. Pero también se muestra en él que el Cid no marcha solo, pues le acompañan sus más leales vasallos, que se destierran con él, y cómo asume su destino y decide continuar siendo fiel a sus principios y a su honra, a pesar de su despótico Rey, animando con entereza a los suyos: “¡Ánimo, Álvar Fáñez, ánimo, de nuestra tierra nos echan, pero cargados de honra hemos de volver a ella!”.

A la entrada del Cid a la ciudad de Burgos, alrededor del año 1080, camino del exilio, los burgaleses, que no pueden darle posada ni alimento, pues habían sido amenazados por Alfonso VI con la pena de quitarles todos sus haberes y arrancarles los ojos si lo hicieran, claman por la injusticia cometida:

Ya por la ciudad de Burgos el Cid Ruy Díaz entró.
Sesenta pendones lleva detrás el Campeador.
Todos salían a verle, niño, mujer y varón,
a las ventanas de Burgos mucha gente se asomó.
¡Cuántos ojos que lloraban de grande que era el dolor!
Y de los labios de todos sale la misma razón:
“¡Qué buen vasallo sería si tuviese buen señor!”

Teniendo en cuenta la época feudal en la que estaban y el vasallaje al que se hallaban sometidos, hay que reconocer la valentía de los burgaleses, que aun así fueron capaces, con tan solo una frase, de acusar al Rey de haber cometido una injusticia y de mostrar su apoyo al Cid, haciéndole ver el nuevo futuro lleno de posibilidades que le esperaba en el exilio, como así fue.

En el Cantar de Mío Cid probablemente haya partes ficticias, dramatizadas, o frases inventadas, pues se escribió algo más de un siglo después del destierro del Cid Campeador, pero lo que la historia sí ha constatado es la lealtad y honradez de Rodrigo Díaz de Vivar y que el exilio forzoso para él no fue un final, sino el comienzo de sus grandes gestas y el nacimiento de su leyenda.

Lo más curioso es que diez siglos después, salvando las distancias, en muchos ámbitos de nuestras vidas nos hallamos también sometidos a ese vasallaje, a las envidias y conspiraciones, a los “malos señores” que llevan al destierro a sus caballeros cuando estos cuestionan sus decisiones y que imponen condenas, de un modo u otro, a aquellos que apoyan o dan palabras de aliento a los que han caído en desgracia, en muchas ocasiones, simplemente por hacer lo que creían correcto, por ser fieles a sus principios o al juramento de lealtad que hicieron.

Y lo peor de todo es que esos malos señores hoy en día abundan en nuestros trabajos, en la política, en las instituciones y, cada vez más, escasean los caballeros que, aun a riesgo del exilio, en buena hora ciñeran sus espadas, trabajando cada día dignamente, manteniendo sus principios, sin someterse a decisiones arbitrarias, prevaricaciones o humillaciones, cuestionando las decisiones injustas, alzando la voz o la pluma, peleando porque este sea hoy un mundo más justo para todos y con menos vasallaje. Y probablemente escasean porque los tiempos han cambiado, la honra hoy se vende y se compra con mayor facilidad que en la Edad Media, a precio de saldo, o incluso se regala, a veces únicamente a cambio de que te dejen sobrevivir; los derechos en demasiadas ocasiones se ven pisoteados o incluso no existen para algunos, como antaño, y cada vez hay menos burgaleses que con una sola frase puedan o quieran denunciarlo.

Hoy ya no se escriben cantares, pero cada día escribimos nuestra historia y, aunque no nos convirtamos en leyendas, la forma en la que recorramos el camino que escogimos será la que nos otorgue el papel de héroes o villanos, de justos o injustos, el del valiente Cid Campeador o el del oscuro Rey Alfonso.

Yo, por mi parte, intentaré ser hoy, al menos, un poco burgalesa.

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