¿Por qué nos insultan los nacionalistas?

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Básicamente, tras los insultos de los nacionalistas, catalanes primero y valencianos después, dirigidos a cargos, afiliados y simpatizantes de Ciudadanos lo que más hay es desesperación.

Les desespera que gracias a las iniciativas de Ciudadanos en el Congreso, el Ministerio de Educación haya solicitado a la Consellería valenciana de Vicent Marzà una aclaración sobre el reciente decreto sobre plurilingüismo, que para nosotros vulnera los derechos fundamentales de los valencianos y les discrimina al ofrecer menos clases de inglés a los alumnos que opten por estudiar en castellano y no en valenciano.

También hemos realizado una queja formal en el mismo sentido al Defensor del Pueblo, sobre el decreto de plurilingüísmo valenciano, que a priori su titular, Soledad Becerril, ha apreciado que puede vulnerar la Constitución. Como algunos miembros, por el momento poco destacados, del nacionalismo valenciano no aceptan que utilicemos los mecanismos democráticos y del estado de derecho para defender nuestras ideas políticas, nos insultan.

Por el momento, como digo, son miembros poco destacados del nacionalismo valenciano, algunos desde el anonimato que proporcionan los «trolls» en las redes sociales y otros con nombre y apellidos pero muy poco peso específico en la formación nacionalista valenciana Compromís, y que son catalogados por sus propios compañeros como carentes de «trellat».

Sin embargo, en Cataluña empezaron igual, por abajo, y a medida que va aumentando la desesperación provocada por la imposibilidad material de cumplir el sueño separatista al que se comprometieron con su electorado, el nivel en la escala de los insultadores ha ido aumentando y ya alcanza a los consellers, como Raúl Romeva, que se atrevió a llamar «falangistas» en el Parlament a los miles de catalanes que el pasado domingo acudieron a la manifestación contra el separatismo.

Esperemos que los actuales dirigentes de Compromís, que siempre se han caracterizado por su buena educación y agradable trato personal, no caigan en la trampa del insulto como están empezando a hacer sus «cachorros». Seguro que así nos llevaremos mucho mejor, aunque cada uno defendamos con vehemencia nuestros objetivos y propuestas políticas. Al fin y al cabo, nos conocemos de toda la vida.

Por el momento y mientras los dirigentes mantengan su buen talante, responderemos a los insultos con la indiferencia, pero en una segunda fase y si no nos queda más remedio, que esperemos que no, nos tocará recurrir a las denuncias.

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