¿Por qué la gente no se conforma y protesta?

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Vivimos en primera persona una época, la pandemia del coronavirus, que como experimento sociológico no tiene precio, una frase hecha que nos recuerda el alto precio en vidas humanas y sufrimiento que estamos pagando. Un fenómeno mundial que pasará a los anales de la historia y que plantea muchas preguntas, a la vez que posibilita conocernos mejor a nosotros mismos.

La pregunta que planteamos en el título circula por las redes, a modo de requisitoria, por qué cobrando los ertes y las ayudas a los autónomos que ha diseñado el gobierno la gente no está relativamente contenta con la bondad de esta solución. Y más aún, por qué no lo agradece o lo valora en consecuencia, si en otras situaciones anteriores el estado del bienestar ha respondido con recortes que profundizaron el sufrimiento.

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En primer lugar cabría decir que se cobran unas cantidades muy inferiores a las necesidades de una familia media, pongamos 600 y pico euros, para unos trabajadores y unos autónomos que como regla general están acostumbrados a gastar mucho más. En cualquier negocio existen unos gastos de estructura a los que hacer frente incluso sin facturar un euro, cobrando ayuda o erte de seiscientos euros con unos gastos de dos mil se está con el agua al cuello. Las familias viendo como se consumen sus escasos ahorros, muy contentas no van a estar.

Hay más ayudas, por ejemplo al alquiler, para dilatar o aplazar pagos de suministros, también las hipotecas, se ha pensado en casi todo, aparte del ahorro que supone no salir, pero eso acaba convirtiendo a los más de un millón cien mil autónomos y varios millones de trabajadores que las perciben en gestores-receptores de ayudas, rebuscando en el BOE, consultando las webs públicas, llamando a las asesorías, cuando la gente lo que quiere es trabajar, ganar su dinero y que nadie le vaya pidiendo papeles y explicaciones.

Aunque a algunos les parezca inexplicable, no creo que sea tan difícil de entender, el ser humano desea progresar en la vida más que los demás. Por eso no se conforma con la triste existencia que le procuran las ayudas sociales, abocado a la mera subsistencia sin un horizonte de prosperidad. Y es que solemos ser egoístas y fantasiosos, muy fáciles de deslumbrar, no sé si vivimos por encima de nuestras posibilidades pero sí nos gusta destacar, distinguirnos de la masa, recibir un merecido reconocimiento por nuestra labor o nuestro talento, no resignarnos a ser un pringado más que para subsistir tiene que pedir las ayudas.

Desde pequeños, en mi caso en primera persona, podemos educar a los niños en la escuela a no ser competitivos, a conformarse, a obedecer, a camuflarse entre los demás, a no molestar, pero cabría preguntarse si queremos eso, ¿no es preferible formar al ser humano para que sea audaz, imprevisible, arriesgado y diverso?