No me gusta Vox

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Pero tampoco me gusta la Cup, ni ERC, ni Compromís, ni Bildu… ni ningún partido extremista que base su discurso en llevar a un extremo o al otro lo que está bien y lo que está mal, ya que lo que está bien o mal suele ser muy relativo.

Gran parte de la culpa de los extremismos la tienen el PP y el PSOE que, con los años de corrupción institucionalizada, llevaron a la gente a la calle con un movimiento popular espontáneo, movimiento del que se adueñaron Pablo Iglesias y los suyos. El mismo Pablo Iglesias que ayer incitaba a la gente a salir a la calle por la aparición de VOX. Pablo en su línea, la democracia es la suya y si la democracia no es como el la dibuja hay que salir a la calle.

Ese mismo movimiento popular también movilizo en silencio a mucha gente que no salió a la calle pero que vio en C’s la oportunidad de algo nuevo que viniera a regenerar la putrefacción de las instituciones con nuevas ideas.

¿Por qué VOX y por qué VOX en Andalucía?

Que nadie se equivoque, hay que hacer los números y los números dicen que el aumento de VOX no solamente sale de los votos del PP, hay un claro descenso del PSOE y de Podemos (Adelante Andalucía) y evidentemente algunos de esos votos se han ido a C’s y unos cuantos a VOX y esto debería hacer reflexionar a los que se tiran de los pelos por la aparición de esta nueva fuerza, una aparición que estaba cantada ante lo que está aconteciendo en nuestros países vecinos y los nuevos retos que deben afrontar las sociedades tecnológicas.

El PSOE pide a los constitucionalistas parar a VOX, mientras él se ha dedicado a pactar con todos los extremistas y hacer la vista gorda con el separatismo con su buenrollismo habitual, con su diálogo unidireccional mientras los extremistas siguen parapetados en sus posiciones inamovibles, con cesiones unidireccionales mientras la otra parte sigue presionando y sin mover un milímetro su postura, una postura del PSOE que lo único que ha hecho es alimentar el extremismo por la otra parte. El PP y PSOE ahora ven un peligro en los independentismos después de años de alimentarlos como moneda de cambio por el apoyo institucional.

Como sociedad debemos de plantearnos qué estamos haciendo mal, qué debemos cambiar y cómo podemos generar una política moderna, donde seamos capaces de respetar toda la pluralidad social sin necesidad de confrontación, siempre y cuando se respeten las normas. Aunque no nos gusten los extremismos, son la representación de una parte de la sociedad y tendremos que convencer a esa parte de la sociedad no solo con palabras si no con hechos, aunque la política se ha convertido en un espectáculo dirigido por las encuestas de intención de voto, habrá que hacer un ejercicio de abstracción y dedicarse a trabajar por el país, dejar de pensar en los resultados y que estos sean una consecuencia de un trabajo bien hecho.

Ya vale de ¡venir a ganar!, hay que venir a trabajar, a cambiar el sistema productivo, a hacer una educación donde se potencie la inteligencia emocional y el desarrollo individual de cada individuo, una sociedad donde haya una separación real de poderes, hay que trabajar para que todos los españoles tengan una educación que les permita reflexionar, una vida digna y ese será el fin de los extremismos.

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