No hago otra cosa que pensar en ti

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Llevaba un tiempo sin escribir, casi sin pensar, nada. Creía que me había pasado como decía ese catalán al que ahora algunos quieren quemar en la hoguera. Pensaba que las musas habían “pasao” de mí y resulta que no era así, lo único que tenía era, y es, saturación, saturación del monotema. Negación a entrar en el bucle de opiniones y comentarios.

Lo curioso del tema es que me he sentado delante del ordenador y cuando he intentado pensar sobre que escribir únicamente me ha venido a la cabeza una palabra: Cataluña, no hay más. No nos podemos sustraer del tema, hay que hablar de Cataluña.

Pienso que ya está todo dicho sobre la locura en la que UNOS iluminados están metiendo a TODOS los catalanes, no digo a Cataluña, digo a los catalanes y a todos los españoles, no hablo de territorios, hablo de personas, de ciudadanos.

El despropósito de los independentistas, llevando al límite la situación, está arrastrando con ellos a catalanes de buena fe, cada uno con unos ideales y sentimientos de identidad y pertenencia determinados y mezclándolos con otros, de no tan buena fe, que pretenden con todo este revuelo tapar sus desmanes, su corrupción y sus vergüenzas, llevándolos a todos hacia una importante ruptura social, que, a pesar de la gravedad de todo lo demás, para mi es lo más preocupante y de más difícil solución.

La Crisis política, tarde o temprano, va a tener su solución. El Estado de Derecho en el que vivimos tiene mecanismos suficientes para solucionarlo, de forma que se pueda restituir la legalidad y exigir responsabilidades a los responsables del desaguisado y dentro de esta legalidad trabajar y mejorar cuanto haga falta. Los que se han arrogado la representación de todos los catalanes y les han llevado a esta situación deberán responder ante ellos de su insensatez, de su falta de “seny”.

La crisis económica, en que  va a derivar de todo lo ocurrido y puede ocurrir, va a ser muy dura para Cataluña. El paraíso que han vendido los independentistas, con su victimismo del “España nos roba”, se va a demostrar que no era más que una ilusión óptica.

La huida, que no fuga, de ya centenares de empresas, algunas tan simbólicas e importantes como los grandes bancos, van a dejar al descubierto la desconfianza que crea en la economía estas aventuras en pleno siglo XXI.

Pero a pesar de lo grave que va a ser esta situación, a pesar de tener que pasar un calvario, esta crisis se podrá solventar, vivimos en un mundo globalizado y Europa, España y Cataluña por ende pertenecen a él y no se dejaría que se alargase esta crisis porque son muchos los intereses comunes, por mucho que les pese a los independentistas y sus socios antisistema.

La verdadera crisis, la preocupante, la que duele y la que más va a costar de superar va a ser la fractura social que se está produciendo ya. Se está rompiendo una sociedad desarrollada, avanzada, diversa, moderna. Se está produciendo una reacción de rechazo del resto de los españoles hacia los catalanes y viceversa. Está explotando una fractura que se ha ido larvando durante ya demasiados años y que se ha ido enmascarando con una concesión detrás de otra pero retroalimentándose a sí misma con un sibilino adoctrinamiento social perfectamente planificado por los verdaderos responsables de este desaguisado que no son otros que los independentistas.

No es ser dramático, pero esta fractura está rompiendo familias, amistades, relaciones, la convivencia y está inoculando odios que van a ser muy difíciles de superar.

Deberíamos de ser conscientes que mientras no se calme esa fractura social no se va resolver ninguna de las otras crisis, y por desgracia, las crisis sociales y de convivencia tienen consecuencias impredecibles y son las más largas y difíciles de resolver.

Parafraseando la canción: “Busquemos donde sea inspiración y ojala no nos quedemos colgaos en las alturas

 

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