Memorias de un confinado: gamer por casualidad

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El confinamiento ha servido para que rememore momentos pasados de mi niñez y adolescencia en los que ostentaba una vinculación especial con el mundo de los videojuegos. La primera etapa se produjo en mi vida a los 8 años y por medio del título Street Fighter, el típico juego de lucha que arrasaba entre finales de los años 80 y principios de los 90 en España y que lo podíamos encontrar en muchas de las máquinas recreativas frecuentadas en los bares existentes en nuestro país por aquel entonces. Todo un juegazo que aún lo recuerdo como si fuera ayer y que cómo anécdota os relato que a la cuarta me lo pasé eligiendo de personaje al karateka Ryu y que como desenlace del juego había que luchar contra el capitán Mr.Byson. Cada combate, me creaba un cúmulo de estados que me hacían adentrarme en cada batalla, ya que las luchas eran al mejor de tres ‘rounds’ y no contra todos era un camino de rosas.

En unas ocasiones, la dificultad dependía de si jugaba contra la computadora o el número de nivel en el que estaba esta en ese momento dentro del juego y en otras, dependía de según la destreza que tenía la persona contra la que jugaba. Mis victorias en el Street Fighter no siempre eran tan contundentes, de hecho, alguna de ellas he de reconocer (las muy pocas) que las ganaba o por fuera de tiempo o contando con una raya milimétrica de vida. En resumen, este juego era a mi juicio, de lo mejorcito de la época y con el que te podías enganchar con gran facilidad.

Por su parte, la segunda etapa en la que coqueteé con el mundo de los videojuegos fue en mi adolescencia y con la aparición estelar de la consola PSX o lo que es lo mismo, la primera Playstation que aterrizó en España de la mano de Sony. Aunque surgió en nuestro país a finales de los 90, yo no pude disfrutarla hasta el año 2000, pero cuando comencé a jugar las primeras veces con ella, el ‘mono’ por esta máquina se volvió adictivo tanto como lo podía ser un cigarro para una persona fumadora.

Hubo dos sagas de videojuegos que me marcaron especialmente: la primera el Broken Sword y la segunda la de Tomb Raider que tenía como protagonista a la aventurera Lara Croft. Este último, poseía una gran cantidad de títulos tanto para la PSX como para las consolas posteriores que llegaron a nuestra vida con el devenir de los años. Incluso en la actualidad, tiene juegos para la PS4 que gustan mucho a los que los han jugado. A partir de que pasé la barrera de los 25 años de edad, mi pasión por los videojuegos comenzó a decaer y me centré exclusivamente en los temas académicos además de sentir también curiosidad por otro tipo de hobbies nada que ver con estos mundillos… hasta que apareció en escena el Coronavirus dichoso y por ende el Estado de Alarma que traería consigo el confinamiento, algo que causó en mí que buscase algún tipo de distracción para que los días no se me volvieran tan monótonos como deprimentes. 

Con el aislamiento impuesto este, me planteé retomar el jugar a la consola PS4, que es precisamente la que tengo en mi casa. Dentro de los títulos que tenía en mis baldas para iniciar este tercer periodo me dispuse a comenzar por la saga de los Uncharted. De hecho, tenía en mi poder los tres primeros en un disco que, aunque fuesen de PS3 sacaron su adaptación para la PS4 y cada juego, aunque cueste creerlo, me lo pase aproximadamente a los 5 días, eso sí, metiéndole como podréis imaginar: horas y más horas con pequeños descansos cada cierto tiempo. Pero es que es normal, cuando no sales a la calle, en algo tienes que invertir tu tiempo y ¿qué mejor que hacerlo con un viejo hobby? El protagonista de la saga es Nathan Drake y tras pasarme esos tres, me dispuse a jugar al Uncharted 4 y el 5 de esta misma saga. El 5 contaba con una particularidad, las protagonistas de la historia eran la amiga y compañera de Nathan y una de las enemigas del aventurero que estaban condenadas a entenderse para lograr sus respectivos objetivos. Desde el primero hasta el último me engancharon, los gráficos, las tramas y la argumentación, en general me resultaron los Uncharted de sobresaliente.

Tras finalizar esta saga me decanté por jugar al Spider-Man ya rondando la segunda semana casi tercera del confinamiento, pude comprobar que los gráficos que presentaba este juego eran para quitarte el hipo ya que parecía que cada vez que te colgabas o balanceabas con Spider-Man lo hacías de primera mano por el realismo que presentaba todo. Incluso uno mismo, podía sentirse un turista dentro de la historia puesto que podías visitar las diferentes zonas de la ciudad de Manhattan, era como hacer turismo desde tu propia casa. El Spider-Man fue divertido y entretenido y tardé en pasármelo unos cuantos días más que el Uncharted porqué claro, tenía una mayor jugabilidad y misiones secundarias algo que le daba más vidilla e intensidad al asunto.

Posteriormente vino el Detroit que era prácticamente como una película en el que tú decidías el futuro de los protagonistas, otro juegazo más que me enganchó por el argumento, en el que te hacían ver que los robots tenían mayor sensibilidad que los seres humanos, este le recomiendo especialmente para todos los amantes de los juegos en los que tú marcas el destino de los protagonistas de la historia.

Y el último juego al que he jugado desde que comenzó el confinamiento hasta ahora es uno que se llama The last of us, para los que les guste el miedo y la argumentación un muy buen título para tener entre nosotros, eso sí es para mayores de 18 así que… Lo más seguro es que los siguientes a los que juegue sean de la saga de Batman (tengo los 3 de la saga Arkham) y si todo sale bien, espero que sean los últimos a los que tenga que jugar ‘obligatoriamente’ a causa de este confinamiento impuesto por las circunstancias.

En definitiva, este periodo de aislamiento forzado me ha servido para redescubrir mi faceta gamer de pura casualidad, la cual tenía un poco obsoleta y que me ha hecho recordar a su vez, lo viciado que era en mi niñez y adolescencia con el tema de los videojuegos. Es más, como anécdota os recordaré que hubo un periodo puntual, que de verme tanto en las máquinas recreativas, alguno que otro con él que jugaba las mismas, me puso de sobrenombre ‘vicius’ porque no había día que después del colegio faltara con mi cita a este tipo de pasatiempo lúdico.