Me se luenga la traba (o como insinuar sin decir)

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La Real Academia de la Lengua Española define trabalenguas como: Palabra o locución difícil de pronunciar, en especial cuando sirve de juego para hacer que alguien se equivoque.

Es evidente que en los últimos tiempos el rey del trabalenguas en política es el Sr. Rajoy.- Pablo Iglesias diría Sr. Mariano Rajoy, todavía no acaban de tener claro el tema de los tratamientos. O Don Mariano, o Sr. Rajoy, pero las dos cosas juntas también son un trabalenguas-.

Las frases de “Los españoles son muy españoles y mucho españoles”, “Somos sentimientos y tenemos seres humanos”, “Un vaso es un vaso y un plato es un plato”, o este gran elogio a los catalanes, imagino que dicho sin maldad, pero que suena a cachondeo: “Me gustan los catalanes porque hacen cosas”, o para terminar, esta genialidad propia de un discurso de Cantinflas: “Tenemos que fabricar maquinas que nos permitan seguir fabricando maquinas, porque lo que no van a hacer nunca las maquinas es fabricar maquinas a su vez”, y otras muchas más igualmente memorables, pasaran a la historia como máxima expresión de al nivel que ha llegado el discurso político en España.

La última de todas, en la esperpéntica y soporífera moción de censura de Podemos, me siento incapaz de transcribirla y tiene todavía reunido a un cónclave de pensadores y politólogos de laboratorio podemitas intentando interpretar que les quiso decir.

Pero todo esto no deja de tener su gracia, despierta incluso cierta ternura, y no dejan de ser anécdotas que marcan la personalidad de quien las pronuncia.

Mucho más preocupante es la segunda parte de la definición de la RAE de trabalenguas: “sirve de juego para que alguien se equivoque”. Este es trabalenguas peligroso en política.

Pedro Sánchez y su calculada ambigüedad

“Plurinacionalidad nacional”, “Nación de naciones”, son el claro ejemplo de intencionalidad del trabalenguas; el digo pero no digo, apoyo pero no respaldo, el sí pero no, resumiendo, la equivoca y traicionera  ambigüedad.

Esta ambigüedad que llevamos ya demasiados años soportando en una izquierda que quiere nadar y guardar la ropa, sin definirse abiertamente y solo porque sabe que si aspira a gobernar tendrá que contar con nacionalistas e independentistas, pero que sí se definen claramente pueden perder el apoyo de gran parte de sus bases.

Les cuesta definirse, situarse, clarificar su postura y recurren a casi trabalenguas para no cerrarse ninguna puerta, sin darse cuenta que con todas las puertas abiertas suele haber corriente y las corrientes no son buenas para la salud.

En la ambigüedad está la utilización peligrosa del trabalenguas, y no en la comicidad de los charcos en que se mete el Sr. Rajoy.

Por desgracia, al PSOE del renacido, cual ave Fénix, Pedro Sánchez ha vuelto trabársele la lengua y con ello, seguramente su futuro.

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