Llega el verano y con él, el calor, la sangría y los curiosos… de lo ajeno

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En la ciudad de Valencia y en los respectivos municipios de la Comunitat Valenciana es momento idóneo que tienen los consistorios de aumentar sus plantillas de policías locales en previsión de los visitantes y de la necesidad de dar descanso a los agentes fijos.

Actualmente tenemos un ratio de un agente con 49 años de edad media por casi 500 habitantes en una  población de 4.932.302 habitantes en la Comunitat Valenciana. Son datos que se junta con la otra parte, en este caso, con 385.705 personas en situación de desempleo según fuentes del Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Y son herederos de la gestión de los partidos tanto PSOE como del último gobierno del PP con los que el próximo gobierno va a tener que lidiar, personas que por vocación o por esa necesidad tan humana como es el de vivir dignamente, se interesan por las bolsas de trabajo de dicho cuerpo, nuestra Policía Local, primer frente de proximidad ante nuestros “amigos” de lo ajeno que en verano y principalmente en zonas turísticas hacen su particular verano.

El pasado 5 de junio en el Pleno de Les Corts, hubo una votación sobre una modificación de la Ley de Coordinación de Policías Locales de la Comunitat Valenciana, se notó en el ambiente, se palpó en las intervenciones de los diferentes diputados, el poco o nulo consenso en la votación del diciembre pasado, que supuso la aprobación y entrada en vigor de dicha ley a partir del 4 de enero del presente año. Una ley muy importante para el desarrollo y cohesión de las plantillas de policías locales de nuestros municipios.

Comenzó con mal pie la intervención en el púlpito la consejera de Justicia, Administración Pública, Reformas Democráticas y Libertades Públicas recordando que el artículo 41 de la ley de coordinación de policías locales “configura unos cuerpos policiales integrados solo por personal funcionario de carrera, como ocurre en el resto de cuerpos y fuerzas de seguridad”. primer tiro a la línea de flotación del personal interino de las plantillas de las policías locales, que han tenido que ampliar el plazo de bolsas de interino hasta el año 2019. Las bolsas de trabajo facilitan la rapidez de contratación en pequeños municipios, porque se asigna la uniformidad a los integrantes de dichas bolsas y están disponibles de inmediato para cubrir esa vacante “in extremis” que surja en el consistorio con actos como procesiones, eventos deportivos, etc.

El concepto “profesionalidad” salio a debate, la RAE define como primera acepción de profesionalidad la “Cualidad de la persona u organismo que ejerce su actividad con capacidad y aplicación relevantes”, uno no es más profesional porqué supere unas pruebas, sino que está o ha entrenado más para superar dichas pruebas. A cualquier candidato le puede salir mal las pruebas o no llegar al corte por no tener un día inspirado y pasar a bolsa de trabajo. La profesionalidad va emparejada con la formación y el tiempo que dedicamos a esa actividad.

Cuando un agente del orden público sin plaza consolidada se enfrenta a una situación donde peligra la convivencia ciudadana, el llamado delito menor, actúa de la misma manera que cualquier agente que tenga consolidada su plaza, es de sentido común. No va a dejar de actuar ante un hecho delictivo por carecer de plaza fija, lo hará con coherencia y sentido de la proporcionalidad. Si está ejerciendo una patrulla unipersonal, o sea sólo, o si lo hace acompañado de otro agente, tanto si es interino como fijo de plantilla, sucederá lo mismo, prevalecerá el sentido común de los agentes.

Esa distinción entre agentes interinos y con plaza fija para “etiquetar” que uno es más profesional que el otro, no tiene otro nombre: absurdidad, por parte del legislador y por el político que hace dicha separación. Que un agente actué ante una determinada situación de manera distinta a la deseada puede estar condicionada a la trazabilidad de su formación, cuanto más formada tengamos las plantillas de policías locales mejor será su respuesta ante situaciones que alteren la convivencia ciudadana, que en definitiva es el fin de la seguridad ciudadana. Que el ciudadano perciba, sienta y “toque” esa seguridad que tiene al pasear, al trabajar, al abrir negocios y al convivir en su localidad. No tiene nada que ver con la “profesionalidad” del agente que en esas circunstancias este en situación de interino. Un agente con plaza fija puede, por muchos años de actividad policial, tener una carencia de efectividad ante nuevas formas de delinquir, por poner un ejemplo.

La peculiaridad de esa interinidad existe, y existía, en la Policía Portuaria, dependiente del Ministerio de Fomento, y en la Policía Rural, aún existente en pequeños municipios, donde las bolsas de trabajo en época estival son habituales.

Recordando al filósofo, ensayista y pedagogo español José Antonio Marina Torres; “Una ciudad inteligente es aquella que no sólo potencia el bienestar de los ciudadanos, sino que, además, potencia el aumento de posibilidades que tiene ese ciudadano por estar viviendo en esa ciudad y no en la ciudad de al lado”.

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