La alcaldía se disputa entre intensidades de naranja

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Compromís o Ciudadanos, una de esas dos listas será la más votada y la que marcará la pauta para saber quien ocupa el sillón de alcalde los próximos 4 años. La batalla por la ciudad de Valencia será entre tonos de naranja, por mucho que los partidos tradicionales –PP y PSPV- quieran recuperar su alternancia. La clave será qué tono predomine, si el oxidado de Joan Ribó o el vivo de Fernando Giner.

Los sondeos que se centran en la proyección de los resultados de las autonómicas defienden la continuidad del voto de los últimos comicios, pero no tienen en cuenta el desgaste del gobierno municipal –PSPV incluido- y la progresiva reducción de la base de votantes de la extinta Podem, ahora renombrada Unidas Podemos. La formación morada ya no puede explotar la corriente del 15M, cuyos líderes, o fueron fagocitados o han madurado y buscan otros cobijos más entroncados con la realidad política estable, lo que puede penalizarle estas elecciones.

Con un ecosistema cambiante y muy diferente al de 2015, parece insuficiente el viento a favor con el que cuenta Sandra Gómez, gracias a la inesperada victoria –por el total de escaños, no tanto por el número de votos- de Pedro Sánchez. De ahí que los Populares y Ciudadanos tengan una oportunidad, lastrada en el primer caso por la herencia de corrupción recibida por Mª José Català, y por el desconocimiento público y las formas nobles y poco agresivas de Fernando Giner, en el caso naranja.

Si nos fijamos en una de esas encuestas que pasan desapercibidas por los medios porque no respaldan los intereses editoriales de ninguno de ellos, caso de la promovida por la Universitat de València, observamos que, a pesar de su abundante cocina, descubre un panorama en el que los socialistas no son los Reyes del Mambo, sino que es Joan Ribó (Compromís) quien podría continuar como alcalde con 9 concejales, el mismo número que tiene en la actualidad, obteniendo entre el 22,8 y el 27,6% de los votos. Con una horquilla que podría ir del fracaso de los 7 representantes al éxito consecuencia de merendarse a la base de votantes de la antigua EU y de Unides Podem, el alcalde en funciones obtendría por primera vez en su historia 10 ediles. Y vería refrendada su gestión, a pesar de Grezzi y Fuset.

Esa hegemonía sólo podría ser discutida por otra formación naranja, ya que las previsiones dan a Ciudadanos 8 concejales, dos más de los que tiene ahora. Fernando Giner lograría un porcentaje de entre el 22,4 y el 27,2% y una horquilla también de entre 7 y 10 concejales. Y aquí viene la cocina universitaria que estima que, a igual porcentaje, se pondera más al naranja oxidado al que tan próximos se sienten, frente al naranja vivo de un gerente de escuela de negocios privada.

Lejos de las expectativas lanzadas por el CIS de Tezanos y las encuestas encargadas por los medios llamados de izquierdas esta última semana, el PSPV-PSOE quedaría con 6 ediles, uno más de los que tiene ahora el partido que lidera Sandra Gómez. Obtendría, según esta encuesta, entre el 16,2 y el 20,4% y una horquilla de entre 5 y 8 escaños. Los socialistas no conseguirían que la candidata desconocida recuperara la alcaldía perdida en 1991. El aire fresco se quedaría en brisa y pondría en riesgo la hegemonía del tripartido.

Para que la izquierda pudiera reeditar el Pacte de la Nau, y contrapesar la reedición del Pacte del Botànic, necesitarían de nuevo a Unides Podem-EUPV, pero las expectativas de esta formación apenas rozan el 5%, barrera electoral que de superarse les otorgaría 2 concejales, uno menos de los que logró València en Comú -en la que se integró Podem pero no Esquerra Unida- en 2015. La lista que encabeza María Oliver lograría, si consiguen aguantar las dentelladas de Compromís entre el 5,4 y el 8,2% de los votos y una horquilla de entre 1 y 3 concejales. Sin ellos, la izquierda perderá el Cap i Casal.

La otra incógnita es qué pasará con el PP valenciano. El sondeo de la UV-EG rebaja sus expectativas a 5 concejales, la mitad de la representación que obtuvo hace 4 años. Excesivo castigo que, de hacerse realidad, hundiría las esperanzas del centro-derecha de volver a regir la tercera capital de España. La lista que encabeza María José Català obtendría un porcentaje de entre el 13,4 y el 17,4% y una horquilla de entre 4 y 6 ediles.

En realidad, todo depende de si Català consigue canibalizar a VOX y recuperar voto de electores enfadados con los ex dirigentes populares contaminados por la presunta corrupción en el ejercicio del gobierno de la ciudad. Buena parte de esos votos se irían presumiblemente a Vox, que irrumpiría en el consistorio con 3 concejales. A la candidatura que encabeza José Gosálvez le votaría entre el 6,9 y el 10% del electorado y su horquilla sería de 2 a 3 ediles. O no. Si las expectativas incumplidas del ilusorio resultado de las nacionales y autonómicas se traduce en desencanto, los populares pueden convertirse en Ave Fénix.

Por eso, ante la avalancha de encuestas coincidentes en una plácida noche electoral para la izquierda, similar a la vivida hace un mes, es bueno que nos fijemos en un dato estadístico que dice que los resultados de las nacionales y los municipales no suelen coincidir. El pueblo es sabio y sabe contrapesar, pero vivimos tiempos extraños y dos elecciones en un mes. Todo es posible.

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