Imaginación ante la crisis del coronavirus

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Una de las pocas cosas buenas que está teniendo este confinamiento es la cantidad de horas que estamos pasando en casa, con la familia y el tiempo que le estamos pudiendo dedicar a leer, oír música y, por qué no, ver televisión.

De las mejores series que podemos ver es The Crown de Netflix. Trata sobre la vida de la Reina Isabel II y todos los hechos históricos que han ocurrido desde su subida al Trono. En el capítulo cuarto de la 1ª temporada habla de un hecho, poco conocido,  pero que nos recuerda a los momentos que estamos viviendo.

En diciembre de 1952 se produjo un episodio de niebla sobre Londres, que mezclado con la polución, causó la muerte, en la mejor de las versiones, de más de 12.000 londinenses.

Lo que en un principio se consideró por la clase política como un fenómeno atmosférico inevitable, al cual no se le dio mayor importancia, con el paso de los días el pánico y las críticas que surgieron en la población, hizo que los políticos, y Winston Churchill en concreto, viéndose acorralado por las circunstancias, le diera un giro a su “Laissez faire” y en un alarde magistral de manejo de la prensa recondujera la situación y, tomando las medidas adecuadas y la ayuda de la mejora del tiempo, salió medianamente airoso de la crisis.

Esta crisis obligo a llevar a cabo grandes cambios en el Londres de la época, cambiando la situación de industrias enclavadas en el centro de la ciudad, cambios en los combustibles de calefacción, incluso cambios en los medios de transporte o en las medidas sanitarias y funcionamiento de los hospitales.

Hoy, en año 2020, nos vemos en una situación de emergencia similar pero esta vez a nivel mundial, por causas diferentes y con unas consecuencias, todavía impredecibles. Pero el desarrollo de aquella nos puede servir como ejemplo para pensar en esta.

Parece claro que la crisis que padecemos, como todas, aunque tal vez esta más por sus circunstancias, va a traernos y a obligarnos a cambios que jamás hubiéramos pensado que ocurrirían.

Al margen de las medidas excepcionales que estamos viviendo, como puede ser el confinamiento, vamos a sufrir una crisis económica de una magnitud desconocida hasta ahora y que va a afectar a sectores que en otras ocasiones habían podido capear mal que bien los temporales.

Va a suponer cambios en nuestras relaciones internacionales, la Unión Europea no volverá a ser ya nunca lo que era. Nuestro punto de vista sobre otros países va a ser totalmente distinta.

Nuestra forma de relacionarnos entre nosotros mismos va ser diferente. Van a variar nuestros hábitos de consumo, los mercados, los comercios y los negocios. Van a aparecer o  asentarse nuevas formas de trabajar, de ocio y de distribución de nuestro tiempo, es decir cambios en nuestros comportamiento. Todo esto se resume en que, sobre todo, va a aparecer un cambio profundo en el orden de prioridades de la población.

Esta crisis ha dejado al descubierto muchísimas carencias de nuestra civilización y sistema de vida que desconocíamos. Ha dejado al descubierto una forma de hacer política que pensábamos que era correcta, basada en el concepto de una sociedad del bienestar, sin darnos cuenta que un “simple” bichito podía ser capaz de desmontarnos esa sociedad.

Debemos ser conscientes que estos cambios deberán pasar por una nueva forma de hacer política, por una nueva política, llena de imaginación y libre de prejuicios, capaz de desarrollar todos los cambios que nos va a exigir esta nueva era.

Estos cambios van a llevarnos a pensar en una nueva forma de convivir, a plantearnos nuevos retos en urbanismo, en los modelos de las ciudades, en la planificación de los espectáculos, el manejo de masas, las comunicaciones, los sistemas sanitarios, la ciencia, la investigación, la educación, y sobre todo a hacer una política con vista al largo plazo. Cualquier política cortoplacista, como se estaba haciendo actualmente, está destinada al fracaso y a estrellarse ante cualquier nuevo reto.

Volviendo a Churchill, este decía a los británicos en la II Guerra Mundial que solo podía ofrecerles sangre, sudor y lágrimas. Eso solo ya no será suficiente ante los nuevos retos y amenazas, habrá que añadirle IMAGINACIÓN.