Ideas para el congreso de Ciudadanos en marzo

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Tal vez lo más destacable de las múltiples reuniones e iniciativas que se están produciendo de cara al congreso extraordinario de Ciudadanos en marzo, según he podido constatar, es la unanimidad acerca de que nuestro partido ha pagado en las urnas sus evidentes carencias en aspectos organizativos y sus errores de posicionamiento político. Sin embargo, somos un partido que lleva en su ADN mirar más al futuro que al pasado, y es por eso que creo que la prioridad debe ser plantear soluciones, más que exacerbar las críticas o hacer más grandes las heridas.

En aspectos organizativos, una ponencia irrenunciable en el próximo congreso debe ser que, al igual que los candidatos a las Comunidades Autónomas o al Congreso en cada provincia son elegidos por un proceso de primarias abiertas en el que participamos todos los afiliados, también lo fuesen los secretarios generales, o secretarios de organización, que es como se denominan en Cs, tanto autonómicos como provinciales.

También se ha criticado bastante que en el pasado congreso de Coslada en 2017 se estableciese la barrera de 400 afiliados en el ámbito de elección para realizar primarias. Tal vez se podría revisar esta cifra, para rebajarla por ejemplo a 250 militantes, pero lo que no se puede permitir es que entre 15 o 20 personas ‘se arreglen’ la lista en ciudades importantes como Torrent, Gandía o Paterna, que fue lo que pasó en 2015, y por eso se estableció esta barrera de seguridad.

Respecto al posicionamiento político, en pocos meses Ciudadanos pasó de ser la formación política que generaba más ilusión a la más odiada, y deberíamos preguntarnos por qué. En parte hemos sufrido una campaña de desprestigio en grandes medios y redes sociales pero es posible que una parte de la responsabilidad también sea nuestra. Quizás de tanto marcar líneas rojas, con nacionalistas, populistas, voxeros y hasta sanchistas, al final sólo se podía llegar a acuerdos con PP y PSOE, cayendo en la paradoja de legitimar al bipartidismo decimonónico y corrupto al que se pretendía sustituir.

En la política de pactos de gobierno, legislatura o presupuestos, hay que aceptar excepciones, valorar circunstancias y no predefinir posiciones, que pecamos de pardillos elección tras elección. Se debe tener en cuenta que la inmensa mayoría del electorado no tiene filiación política sino preferencias, a favor o en contra, y que denostar a una formación política rival por la que tiene simpatía puede alejar a los ciudadanos de cualquier posibilidad de votarnos.

Y hay que ofrecer una solución al problema territorial más allá de la aplicación de las leyes y la Constitución. El nacionalismo es irracional, cierto, pero puede que muchos de sus votantes no lo sean. Hay que convencerles de que establecer nuevas fronteras, romper comunidades, enfrentar culturas, más allá de que esté sancionado por la ley, no interesa a nadie, que no sólo estamos condenados a vivir juntos, sino que lo deseamos. Y que cada vez la mezcla de culturas será mayor.

Una solución en el sentido que marca el Foro de Profesores, cuyo manifiesto ha sido firmado por personalidades tan prestigiosas como el nobel Vargas Llosa, el hispanista Preston o el profesor Trapiello. Por tanto, hay que exigir a nacionalistas, soberanistas y separatistas, que son los que gobiernan en el País Vasco, Cataluña, Baleares o la Comunidad Valenciana, diálogo y negociación para garantizar los derechos y libertades de todos los ciudadanos, tanto los hispano hablantes como los que prefieran sus lenguas vernáculas. Hay que dejar claro que la lengua y la cultura son una elección INDIVIDUAL, y evitar así imposiciones en cualquier sentido. Promoción sí, obligación no.

Entre centenares de analistas políticos, miles de cargos institucionales y orgánicos, y centenares de miles de afiliados y votantes de Cs, no voy a ser yo, precisamente, la que tenga toda la razón y todas las claves, pero al menos espero que nos sirva para reflexionar.