Generación 50, quién lo iba a decir…

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Con algo más de seis décadas vividas -concretamente soy del 54- y la última década marcada por una brutal crisis que CASI se lleva por delante a la denominada ‘clase media’, en donde la pobreza y la desesperanza la han parasitado cual plaga bíblica, resulta que algunos de los que anidaban en el llamado «capitalismo de amiguetes» daban pelotazos al socaire del poder, a la vez que la gran mayoría de profesionales autónomos y pymes -auténtico motor económico de un país- las pasaban moradas para poder eludir las suspensiones de pagos y quiebras que acechaban por doquier, colapsando a la mayoría de españoles que, además, veíamos atónitos como la clase política en vez de echarles una mano para aliviarlos se la echaba al cuello para asfixiarlos más todavía, subiendo los impuestos.

Unos, negando la evidente crisis del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, ignorando la pésima salud de nuestro sistema financiero y recetando medidas «zapateriles» que agrandaban aún más el problema, con «planes E» y chorradas varias que condujeron a drásticos recortes presupuestarios, donde los hombres de negro y la Merkel les marcaban el paso.

Otros, con recortes sociales brutales que se podían haber evitado, no despilfarrando recursos, precisamente con esos «amiguetes», en infraestructuras  superfluas como autopistas sin coches, aeropuertos sin aviones, auditorios inacabados, ciudades de la Justicia sin ciudad y sin jueces, etc etc, a la vez que esquilmaban al erario público rescatando, con el dinero de todos, las tropelías de las Cajas de Ahorros politizadas, y con la corrupción sistémica y voraz que dejaba a este país en pelotas.

Bueno, todo esto de lo que aún estamos sufriendo las consecuencias, viene a cuento de que, según dicen, la próxima generación vivirá PEOR que sus padres y abuelos. Razones no les faltan: la gran deuda que se ha generado y que, lógicamente, la van a heredar, la hucha de las pensiones casi esquilmada etc.

Ante este panorama pienso que no debemos resignarnos, como no lo hicieron nuestros padres y abuelos DESTROZADOS por una guerra civil y una posguerra muy cruel, que les cercenaba el futuro. Nuestra generación no llegó a vivir esto; nos lo contaron en pleno franquismo, en una década en la que se dejaron de utilizar las «cartillas de racionamiento» e ibamos poco a poco hacia el desarrollismo de los 60.

Esto no impidió que tuviéramos, en general, una infancia feliz, mucho más feliz que nuestros padres. La calle era nuestra Consola, nuestra PlayStation. Aún recuerdo la frase «mami un beso y me bajo» que nada más llegar a casa, del colegio, le decíamos a mi madre, para estar con los compis y amigos EN LA CALLE, algo inaudito hoy en día. Así, jugábamos al escondite, a la trompa  , a los bolinches, a churro va…, incluso al fútbol con una pelota «fabricada» por nosotros a base de apelmazar trapos y cuerda para jugar en las aceras, pues a mí, por ejemplo, me compraron el primer balón de cuero – de reglamento – con 11 años y fue el primer balón de la pandilla, con lo que pasamos a jugar en el cauce del Turia, frente al actual Palau de la Música que en esa época, lo que había ahí eran chabolas. También jugábamos al fútbol en casa, ¡con los botones!… todo era muy económico pero INGENIOSO.

¡Quién iba a decir por aquel entonces que ahora, sesentones, utilizaríamos como utilizamos Internet con portátiles, tabletas o móviles!

Pues esto mismo debe de pasar ahora, ya que progresamos inexorablemente, a pesar de los pesares; la historia, normalmente se repite, y nuestra generación deberá de poner toda la carne en el asador para que, al igual que pasamos después de 40 años de dictadura, transitando ejemplarmente, a 40 años de democracia, eso sí, bipartidista de rojos y azules con nacionalistas de por medio, y ahora que parece ser salimos de la crisis, no las volvamos a pasar moradas a las primeras de cambio.

A mí, particularmente, el naranja me mola más .

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