El riesgo de decepción en la política

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Foto: D.Sinova / Comunidad de Madrid

Que desgraciadamente la corrupción se ha convertido en el tema central de la política en los últimos años es más que evidente, que visto el panorama actual, va a continuar siéndolo por mucho tiempo, es otra evidencia más.

Tenemos en plena ebullición judicial centenares de casos que afectan al partido de los que están convencidos de que “se hizo todo fenomenal” y que fueron obra de  “esas personas que se mencionan” y  “que ya no pertenecen al partido”. “Por supuesto” que todo lo nuevo que se va conociendo día tras día no dejan de ser meras “estrategias de defensa” de unos “presuntos delincuentes” que nos dan un asco “que no los podemos ni ver”.

Nótese que el continuo entrecomillado de algunas frases no deja de ser un “ironía modo on”, ya que esta es más difícil expresar en el lenguaje escrito que en el oral. Son coletillas que no paran de decir una y otra vez los que en su día aplaudían hasta con las orejas a algunos a los que ahora parecen no haber conocido en su vida.

No teníamos suficiente con todos los casos de este partido, que ahora nos aparecen nuevos casos, nuevos por salir al conocimiento público ahora, no por las  fechas en que se dieron y que afectan a los “que venían a rescatar a las personas” y a cambiarlo todo.

No son los únicos casos. Tenemos casos, por desgracia, repartidos por toda España. Me temo que sigan apareciendo más y me preocupa, que por su generalidad,  los utilicen los partidos para hacer realidad ese chiste malo en el que en el sillón del dentista un paciente coge al doctor por salva sea la parte y le dice ¿a que no vamos a hacernos daño, doctor? Eso sería la verdadera ruina de nuestra aun tierna Democracia y un golpe letal a nuestro Estado de Derecho.

Como en todo en la vida, la corrupción tiene distintos tipos de percibirla, por eso hay casos que resultan mucho más sangrantes y por qué no decirlo, asquerosos que otros. Los casos que afectan al dinero para la cooperación internacional y la ayuda a los verdaderamente necesitados, o los casos que afectan a dinero que debería de ir a paliar las necesidades de formación y empleo de los parados, son dos de los que más nauseas provocan entre la mayoría de la población.

Pero recientemente ha aparecido un caso, que a pesar de parecer insignificante dentro del océano de corrupción que padecemos, puede causar mucho más daño social que hacer unas trampas en una campaña electoral. Me refiero al tema del ya famoso “Master” de la Sra. Cifuentes.

De llegar a ser cierto todo lo que se está diciendo, este ejemplo puede causar un daño y una decepción social enorme. Cuando se llega al punto de generar una decepción generalizada y en especial en los más jóvenes, te estás asomando a un precipicio muy peligroso.

  • ¿Qué puede pensar cuando vea un caso como este, un estudiante, como hay miles, que se ven obligados a continuar estudiando como locos después de acabar su carrera,  para conseguir un “master” que le permita ampliar su formación y su expediente?
  • ¿Qué pueden pensar unos padres que han tenido que hacer un esfuerzo extra para costearle alguno de estos ”supermaster”, de precio desorbitado, a sus hijos y que puedan presentarse al mundo laboral en mejores condiciones?
  • ¿Qué pueden pensar los profesores de estos “master” que ven totalmente desprestigiado su trabajo por corruptelas como estas?
  • ¿Qué se puede pensar de políticos que son capaces de a hacer estas cosas cuando ya lo han conseguido prácticamente todo en su carrera y no tienen ninguna utilidad más que alimentar su ego?

¿En qué lugar estamos dejando a nuestras Universidades con todos estos espectáculos?

Aunque aún no se sepa si es cierto o no todo lo que se está hablando sobre el “master” de esta señora, todos hemos oído hablar de algún caso de algún aprobado sospechoso de una última asignatura de una carrera, de una plaza, de unas oposiciones, de alguna Tesis Doctoral presentada por alguien sin tiempo material para prepararla, y favores y favores.

Llevemos mucho cuidado con este tema. El desprestigio de la Universidad, en unos tiempos donde la experiencia, la formación, el conocimiento y la excelencia, son claves para el desarrollo del país y el asentamiento de nuestras instituciones, puede ser letal para llegar a convertirnos en una auténtica democracia avanzada y dejarnos como una república bananera más.

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