El partido, la política y el buen político

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Para que un equipo de fútbol pueda obtener buenos resultados no solo es necesario tener buenos jugadores. Se requiere también saber trabajar en grupo, que cada uno sepa su posición, las tareas que debe desempeñar y cómo interactuar para conseguir éxitos.

Como en el fútbol, los partidos políticos son equipos complejos y, para que alcancen logros, cada componente debe tener claro que, más allá de que pueda o no estar de acuerdo con el 100% de las propuestas de la formación, ha de saber adaptarse y jugar de manera coordinada con el resto de participantes. Ha de empujar para alcanzar el fin propuesto, que en el caso de Ciudadanos no es otro que mejorar la vida de la gente. En fútbol, igualmente, los deportistas deben plegarse a las decisiones del entrenador en aras de ganar aunque sus planteamientos ante un partido pudieran haber sido otros.

Mucho se ha escrito de cómo debe de ser un buen político, y partiendo de la base que ha de representar de la mejor forma a la circunscripción por la que ha sido elegido, se han detallado diversas aptitudes básicas para ejercer bien la labor política.

Desde que las primeras sociedades pudieron ser gobernadas por iguales elegidos periódicamente, empezaron a plantearse cuáles habían de ser las cualidades exigibles de los representantes. Aristóteles dejó dicho que el interés prioritario del gobernante debía ser el bien del pueblo, anteponiéndolo a cualquier otro.

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Por su parte, Cicerón, coetáneo de Julio César, adjudicó al buen político cuatro virtudes imprescindibles: sabiduría, fortaleza, templanza y justicia. Así, un político perteneciente a un partido que expresa públicamente enfado y disensión, que afirma no estar de acuerdo con una determinada idea sin ser capaz de apreciar sus coincidencias con el partido, demuestra falta de visión a largo plazo e incapacidad de comprensión del conjunto. Probablemente, carece del necesario conocimiento, paciencia y templanza.

También la credibilidad es una característica básica e ineludible en un político. Y no solo basada en sus promesas, declaraciones y juicios sino en la idoneidad de sus decisiones en función de los problemas que se le presentan y deben afrontar.

En este sentido, un rasgo esencial en un político es el de saber mantener los compromisos que decide adquirir con los compañeros de filas y, sobre todo, con los ciudadanos que le votaron para la posición que ahora ocupa.

Por eso, resulta chocante que quienes fueron elegidos en función de las ideas y proyectos del partido cambien su orientación hasta el extremo de dejar a un lado sus obligaciones para con los votantes. También para con quienes confiaron en ellos al integrarlos en la listas y les permitieron el honor de ser representantes electos.

Actúen; pero sin utilizar el cargo que deben a quienes les pusieron ahí

Ahora bien, pretenden mantener sus cargos, salarios públicos y capacidad de influencia e incluso utilizarla contra sus antiguos compañeros en un intento de perpetuarse en el poder. Caben tantos calificativos para describir esto que me los ahorraré. A buen entendedor…

Si no están de acuerdo con el partido que les aupó, váyanse. Si creen que deben promover otras formas de hacer, háganlo. Actúen; pero sin utilizar el cargo que deben a quienes les pusieron ahí, que no son otros que los militantes y los votantes con ideas que ustedes ya no comparten.

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