CorruPPción verbal, con P de Podemos y P de Popular

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De derecha a izquierda. De vieja política a “nueva” política. Ataviados con las mejores galas, compartiendo escenario con looks desenfadados. Unos añorando las mayorías absolutas, otros a la conquista del Moncloa-Sillón. Cestas enteras de MANZANAS PODRIDAS junto a la predilección por las MADURAS BANANAS. Expertos en VENDER carros llenos de “responsabilidad y compromiso”. Frente a demagogia vestida de aires renovados, para erigirse como ese instrumento imprescindible para el cambio. Discurso rancio versus populista. Por un momento, algunos pensaran que esto es parecido a La Yenka, esa canción popular de los años 60 que decía: “Izquierda, izquierda. Derecha, derecha. Adelante, detrás. Un, dos, tres”. Siento arruinarles el baile, pero la canción entona ESTAFA VERBAL.   

La reciente fallida moción de censura de Podemos a la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, ha sido un colosal vertedero. El cruce de insultos, difamaciones y aberraciones dialécticas, transformaron lo que algunos han determinado en llamar circo, en una pestilente ciénaga insoportable. La lucha callejera alcanzó su punto álgido, cuando hicieron acto de presencia, acusaciones de los Populares hacia los morados tales como: “partido de pederastas y corruptores de menores”, “puestas de largo”… El PP se consideró con legitimidad suficiente para abandonar el pleno, tras escuchar: “Loca de Madrid” y “ESPIBLACK“ ladrón. Todo bajo el amparo de unas siglas y en la Asamblea de Madrid. Con suculentos y voluminosos SUELDOS del bolsillo de los españoles. CORROSIÓN POLÍTICA en estado puro. Me van a disculpar, pero por ahí no paso.

El caso concreto de Rafael Hernando, Portavoz del PP en el Congreso, y Pablo Iglesias, roza el delirio. Cuando el asunto pasa por no querer asumir ni por activa ni por pasiva  responsabilidades políticas, la corrupción del lenguaje político se retuerce sin contemplaciones. La manipulación y la tergiversación, son el binomio perfecto. Ambos, creen dominar con lucida brillantez, el arte de la oratoria. Confunden el púlpito con el sillón de su casa. Afloran egos, prepotencias, altanerías y chulerías baratas. Es la fiebre del Minuto de Oro. Un abuso de poder en toda regla. Triste y lamentable que no entiendan que en la base de la cultura, está el buen uso de la lengua.

¿Este es el nivel político al que nos vamos a tener que acostumbrar? ¿Qué opinan los madrileños de semejante despropósito? ¿La profanación del lenguaje como medio que justifica el fin? Una instrumentalización que desprestigia y deteriora la credibilidad de las instituciones.  PP y Podemos al mismo nivel. Dos partidos que se encuentran en las antípodas políticas, resulta tienen algo en común: la desvergüenza de emplear LA MALA EDUCACIÓN. Por desgracia, una erosión verbal dispuesta a visitarnos con frecuencia.

Nadie clama que emulen a Camilo José Cela, reciten por Machado o narren como Elvira Navarro. Se trata de hacernos ver, que proceden con semejantes formas, porque quieren y no, porque no pueden. Vivan esa experiencia única de comportarse, sin más. Alejen de su mente la idea del dominio del enredo y el arte de embaucar. No se dirijan a los ciudadanos como estúpidos tontos a los que colar un gol. El abandono de la ética y los principios, no sostiene la panacea política.

En breve, la moción de censura de Podemos a Mariano Rajoy. Otra erupción volcánica al nivel del POPOCATÉPETL. La emisión violenta del lenguaje avivará la contienda. El fondo presidirá la excusa para perder las formas. Asistiremos impávidos a semejante pelotera. Y aunque existe la posibilidad de contribuir a enriquecer el lenguaje, nos toparemos en nuestras narices con una utopía de manual.

“Por la corrupción del lenguaje empiezan muchas otras corrupciones”, Víctor García de la Concha, vigesimoctavo director de la Real Academia Española entre 1998 y 2010.

 

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