Bochorno político en el Congreso

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Hace unos días hemos podido contemplar la última de las bochornosas situaciones a las que ya nos estamos acostumbrando con los políticos de nuestro país. El sr. Rufián con su habitual dialéctica consiguió ser finalmente expulsado del Congreso de los Diputados, cosa que no ocurría desde el año 2006, con el diputado popular Vicente Martínez Pujalte. El rifirrafe se produjo con el Ministros de Exteriores Josep Borrell, que acabó con un escupitajo de otro de los diputados de Esquerra Republicana cuando se retiraban del hemiciclo en solidaridad con su compañero de filas. Parecía más una clase de primaria que el lugar donde deberían debatir y gobernar los representantes del pueblo.

Esto no es más que el culmen de una situación que se está dando desde hace bastante tiempo, pero que se ha recrudecido desde la moción de censura a Mariano Rajo. El debate político es casi inexistente, y se ha convertido en una sucesión de insultos, palabras gruesas, descalificativos de todo tipo. El único fin es el desgaste del rival político y trepar a costa de cualquier miseria que sea aprovechable. Este tipo de intercambios dialécticos también se pueden ver en la campaña de las elecciones autonómicas andaluzas que está actualmente en marcha, donde los mítines se convierten en soflamas a mayor gloria de cada partido para deleite de sus seguidores más acérrimos, y en duros discursos dirigidos a sus rivales donde el contenido útil para el común de los ciudadanos es inexistente.

Normalmente tener un Congreso de los Diputados tan plural como el que hay actualmente, con una variedad de partidos políticos de distinto signo y sensibilidad, debería ser motivo de alegría. Siempre nos quejamos, y con razón, de que las mayorías absolutas ponen el rodillo y gobiernan sin contar con nadie más. Sin embargo se está viendo que la capacidad de negociación y pacto entre partidos es prácticamente nula, que se realiza una política de trinchera donde cada cual quiere mantener su posición a toda costa sin querer mover un centímetro su posición no sea que reciba una ráfaga de fusilería del enemigo o de sus propios seguidores. En la práctica esto supone un bloqueo de la acción de gobierno, donde no se pueden abordar cuestiones de calado ya que es imposible llevarlas adelante a no ser que sea a base de Decretos Ley, lo que acaba convirtiendo al Parlamento en un ente sin utilidad práctica. Esto no es democracia en ningún caso.

La política es el pilar sobre el que se sostiene la democracia, y por tanto un elemento importantísimo en nuestra sociedad que influye en nuestra forma de vida, negocios, familia,… Ver como la arrastran por el fango de esta manera mis representantes públicos me produce sobretodo tristeza, y a continuación sonrojo y bochorno. Generalizar normalmente es malo ya que evidentemente hay de todo y es realmente un lujo ver los escasos debates en los que se defienden posturas con argumentos y sin descalificaciones gratuitas, pero al final la imagen que trasciende a la opinión pública es esta.

El daño que se produce con esta situación es muy importante, crece la desafección y la desconfianza de la ciudadanía hacia sus políticos, se perjudica al crecimiento del país, la imagen internacional se resiente,… Pero no nos llamemos a engaño, muchas veces se dice que los españoles no nos merecemos a nuestra clase política, pero yo empiezo a pensar que sí que nos la merecemos. No nos lanzamos a las calles a decirles que no vamos a tolerar más este comportamiento y además elecciones tras elecciones votamos a estas personas para que nos gobiernen, les damos nuestro apoyo con lo que tácitamente aprobamos sus acciones y planteamientos. Y no será porque no hay alternativas, en las últimas elecciones se presentaron alrededor de 70 partidos distintos, entre ellos Poble Democràctic – Coalició En Positiu.

¿Puede ser quizás el momento de dar la alternativa a otras personas y grupos políticos? ¿No sería un verdadero toque de atención si de verdad nos preocupamos por la responsabilidad de nuestro voto y lo pensamos dos veces antes de meterlo en la urna? Reflexionemos.

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