Atrapados en la ley D’Hont y los regionalismos raciales

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Esta semana todo el debate se ha centrado en la moción de censura y en sus posibles consecuencias políticas. Solemos pensar en lo inmediato y creo que el análisis debe ser las causas de esta situación, más allá de la corrupción, hay otro análisis sobre la distribución del poder.

Izquierda Unida es un partido nacional, Izquierda Unida en el 2015 con 923.105 votos obtiene 2 diputados y el PNV con 301.585 votos, 6 diputados. En 2016 PACMA, un partido nacional con 284.848 votos obtiene 0 diputados y EH Bildu con 184.092 votos obtiene 2 diputados.

¿Pero quién es el mayor beneficiado de esta ley electoral? Evidentemente el partido mayoritario, que a su vez es el partido que más puede hacer por cambiar la ley electoral. El Partido Popular en 2016 con 7.906.185 votos ha obtenido 137 diputados. Pongamos la situación en contexto, un partido regional con 184.092 votos obtiene 2 diputados, un partido nacional con 923.105 votos obtiene 2 diputados y otro partido nacional 7.906.185 votos ha obtenido 137 diputados.

Los partidos regionalistas y los partidos nacionales mayoritarios (que son los que pueden cambiar la ley electoral) salen beneficiados por el sistema de la ley D’Hont, un extraño equilibrio difícil de romper y que en mi opinión nos ha traído a la situación actual. El bipartidismo PP/PSOE lleva años jugando con los regionalismos extremistas para mantener su hegemonía, este juego peligroso ha llevado a ciertos territorios a conseguir durante décadas beneficios que, los ha hecho desarrollarse por encima de la media nacional y este desarrollo ha acabado convirtiéndose en una reivindicación independentista para aprovecharse de sus prebendas.

Lo más peligroso es que el independentismo extremista va evolucionando a un discurso racial en este desenfreno de poder, un discurso muy peligroso, ya que no hay tal diferencia racial, todas las personas que habitamos el planeta, tenemos las mismas necesidades y queremos las mismas cosas, lo único que nos diferencia es donde hemos nacido y como nos hemos educado. El discurso racial busca la manipulación del pueblo, destacando unas supuestas razones, genéticas, culturales, económicas… despreciando a los que tachan como diferentes y buscando el enemigo fuera.

Lo del cuponazo vasco no deja de ser un reflejo del desequilibrio autonómico. Que una de las comunidades autónomas más ricas de España, en lugar de aportar al conjunto, todavía se beneficie de la hucha común y que lo veamos con normalidad, solamente se sostiene por el inestable equilibrio de la necesidad de los apoyos políticos, en este caso para apoyar los presupuestos generales del estado. Solamente Ciudadanos y Compromís, se atrevieron a votar en contra de algo totalmente injusto.

Es necesario replantearse el sistema electoral y el sistema de financiación autonómica, a nivel nacional no se puede dar ventaja a los regionalismos “un ciudadano un voto” y la financiación tiene que ser ecuánime, basada en el análisis de los expertos y el bien común. Mientras la política nacional siga marcada por los regionalistas haremos el hoyo más grande y lo único que fomentaremos es el florecimiento de los regionalismos separatistas.

Hasta ahora ha sido difícil el pensar romper esta situación, ya que los que tenían la opción de romperla era el bipartidismo PP/PSOE y más haya de solucionar la situación han actuado como promotores y siguen con los mismos paradigmas, son incapaces de plantearse nuevas opciones o nuevos escenarios. No obstante, cabe tener optimismo, tenemos que ser positivos, la ruptura del bipartidismo ha llevado el debate del sistema electoral y la financiación autonómica al Congreso de los Diputados, esperemos que no se quede en un simple debate y que se adopten medidas para reconducir la situación.

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