Aquarius, ¿un caballo de Troya?

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Han pasado quince días desde que atracó en el puerto de Valencia uno de los tres barcos que recogieron en alta mar a casi 700 personas que intentan llegar a Europa de forma irregular.

El barco más conocido de ellos es el Aquarius y se ha intentado desde dos frentes, uno político y otro periodístico, que el caso del Aquarius sea un caso especial, pero el tiempo nos pone a cada uno en su sitio y ellos no iban a ser una excepción.

El pasado fin de semana volvía a pasar lo que ha pasado, pasa y pasará en el futuro con la inmigración ilegal, que sus integrantes en estás travesías, la mayoría en barco, escondidos en coches, camiones, caravanas, etc. no quieren que se sepa de dónde vienen, ni lo que han hecho en sus respectivos países, por lo que se deshacen de la documentación para no ser expulsados. Esto ya ha sucedido en el Aquarius según fuentes de la Oficina de Extranjería de la Policía Nacional. Y vienen sin pasado, para que los países de donde “supuestamente” vienen se puedan negar a aceptar su repatriación.

Y yo les pregunto, ¿Por qué yo tengo que llevar toda mi documentación en regla, tanto si circulo por España como por el resto del mundo? ¿Por qué no se puede rechazar y controlar este tipo de inmigración?

No gusta la postura de los italianos que con el actual gobierno, tan democrático como el del señor Pedro Sánchez, han dicho basta a este tipo de inmigración ilegal. Pero… ¿de dónde viene la necesidad de un documento que acredite nuestra identidad?

La filiación o el acreditar nuestra identidad no viene del siglo pasado, sino de mucho más atrás. Nos tenemos que remontar a épocas medievales para atestiguar que la movilidad de las personas estaba condicionado a que la autoridad gubernativa, eclesiástica o monegasca expidiera un salvoconducto, una visa o un pasaporte, cuyo origen se debe al papel que se entrega a la persona para poder entrar por la puerta de un muro fortificado, las típicas entradas de un recinto amurallado.

Recordemos las puertas de las Torres de Serrano y las Torres de Quart en Valencia, la primera recibía a todas las personas que venían por los caminos reales desde la Comarca de la Serranía y la otra a los viajeros cuyo camino conducía al centro de la ciudad.

No hay que satanizar a la inmigración, de lo que se trata es de que no se convierta en una inmigración ilegal. Ya no hay rédito político, ya no hay más que “rascar” por parte de esa izquierda que busca no desencantar a su electorado. ¿Por qué no se habla de incentivar con ayudas al ciudadano español para que tenga más descendientes?, ¿por qué se insiste en que necesitamos de la inmigración por el acuciante envejecimiento de la población?

Como “Caballo de Troya”, el Aquarius ha entrado en Europa por una puerta… que no son las Torres de Serranos ni las Torres de Quart, sino… la de Valencia, nuestro puerto. Sin pasaporte, sin salvoconducto, sin visado, sin nada… y sus integrantes en un par de meses deambularan por Europa en libertad, sin que los europeos sepamos quiénes son, de dónde vienen, qué es lo que han hecho es sus respectivos países, porqué y de quién huyen, qué intenciones tienen, si son buscados en sus respectivos países, etc.

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