¿Adelanto electoral? Ni hablar del peluquín

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Es curioso lo fácil que es para los políticos profesionales cambiar de registro cuando los vientos vienen de costado y no favorecen su camino. Si mi partido se descalabra en unas autonómicas del sur español, pues aquí no pasa nada, me trago las ansias de ser el protagonista de mis propias autonómicas y me pongo a repartir dinero entre propios y extraños, aunque sólo sea teórico y virtual, que es el que mejor se reparte en estas ocasiones.

Ni 48 horas han pasado desde que el cadáver político de Susana Díaz empañara las aspiraciones de Ximo Puig, y nuestro molt honorable ya ha desempolvado el Plan contra la Exclusión Financiera de los pequeños municipios de la Comunitat Valenciana para hacerse una ronda de visitas municipales como Mr. Marshall trayendo –de nuevo- el dinero a más de 250 poblaciones valencianas que se habían quedado sin liquidez, gracias a la reestructuración bancaria y la jeta de muchos políticos.

No hay mejor Plan que el que es virtual, no está en los Presupuestos de la Generalitat Valenciana y ni siquiera cuenta todavía con un proceso de licitación. Qué mejor anuncio se puede hacer. Total, si toca ponerlo en marcha, sólo son 5 millones de euros más que no tenemos de donde sacar, pero que irán en la lista de la financiación justa y a cargo de la ilusoria partida de ingresos de los presupuestos autonómicos.

La propuesta estrella del Plan contra la Exclusión Financiera de los pequeños municipios de la Comunitat Valenciana es poner un cajero en cada uno de los pueblos que carecen de una sucursal bancaria. Hasta aquí, nada que objetar. La medida es de necesidad, si se quiere mantener la actividad comercial en estas poblaciones.

Si los números del Consell y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas son exactos, la red de oficinas bancarias en la Comunitat Valenciana ha disminuido en un 48% desde 2008, una tendencia que en ha hecho que en 2017 haya un 13% más de valencianos que viven en localidades en las que no hay oficina bancaria, esto es, 248 poblaciones no tienen oficinas.

Por el momento, en boca del propio Puig, ya hay más de 95 municipios interesados en disponer de, al menos, un cajero en su territorio, con un coste estimado de mantenimiento y funcionamiento de 10.000 euros anuales por aparato. De esta forma, antes de arrancar el proyecto, ya se prevé una inversión anual de más de un millón de euros, en un presunto plan a cinco años. Y aún quedar otros 150 municipios por pronunciarse. Así que hagan cuentas.

Nadie puede dudar de la capacidad de supervivencia de Ximo Puig. Alzarse de entre las cenizas de un PSPV golpeado de muerte en las épocas doradas de los populares, sólo está a la altura de los fontaneros que conocen todas las interioridades de los que les rodean. Y, ahora, conseguido el sueño de ser President, y lejos el de ministrable, quiere que se lo dejen disfrutar en una legislatura a mayor gloria de su posteridad. Y, todo ello, sin la sombra que lo acompaña a todas partes con aspecto de intelectual marxista y una daga desenfundada en espera de cortar la cabellera a quien le tapa el camino hacia el sillón presidencial.

Este plan, anunciado a bombo y platillo, parece más una propuesta pre-electoral del President de la Generalitat que una realidad a corto plazo. O, lo que es lo mismo, Puig ya ha iniciado su particular precampaña ante el posible resquebrajamiento definitivo del Pacto del Botánico alentado por el debilitamiento de la posición de los socialistas en autonomías como Andalucía.

Puig es perro viejo en política. Y, como bien sabe, es momento de ponerse a repartir dinero, o maquinitas que repartan dinero, aunque sea el propio de los ciudadanos. Que mejor forma de esquivar el tan anunciado –por el mismo- adelanto electoral a imagen y semejanza de Andalucía. Ahora, toca esperar el siguiente anuncio. Lo único que está claro es que no será el de unas elecciones autonómicas valencianas. Ni hablar del peluquín.

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